09 abril 2008

Slow Food

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Slow Food, literalmente “comida lenta”, es hoy una asociación internacional nacida el día en que McDonal’s instaló un local en la Plaza de España de la ciudad de Roma.

En ese preciso instante (1986) su fundador, el periodista Carlo Petrini, dijo “Basta” y se prometió impulsar una asociación que salvaguardara las tradiciones culinarias y costumbres italianas frente a la invasión de la comida rápida y modos de disfrutarla extranjeros.

Actualmente, Slow Food es una asociación internacional sin ánimo de lucro que agrupa más de 80.000 personas en 104 países.

Los miembros se organizan en asociaciones locales o regionales denominadas Convivia, de las que existen más de 750 a lo largo del planeta.



Son objetivos de la asociación, según figura en sus estatutos:

Otorgar dignidad cultural a las temáticas relacionadas con la comida y la alimentación.

Individualizar los productos alimenticios y las modalidades de producción ligados a un territorio, en una óptica de salvaguardia de la biodiversidad, promoviendo su categorización y protección en tanto que bienes culturales.

Elevar la cultura alimentaria de la ciudadanía y, en particular, de las generaciones más jóvenes, con el objetivo de lograr la plena consciencia del derecho al placer y al gusto.

Promover la práctica de una calidad de vida distinta, basada en el respeto al ritmo y tiempo naturales, al ambiente y la salud de los consumidores, favoreciendo la fruición de aquellos que representen la máxima expresión cualitativa.

Los miembros de Slow Food se oponen al ritmo de vida en el que no se dedica el tiempo necesario para comer bien y para compartir la comida con familiares o amigos. Consideran que hay que apreciar lo que se come y se bebe, y que la comida debe ser un rato de grata convivencia.

El movimiento se preocupa por contrarrestar la tendencia a convertirnos en un mundo de sabores universales, donde no se respeten las tradiciones de cada país, de cada región y aún de cada población.

Uno de los placeres de viajar es descubrir comidas que no conocemos y saborear platos únicos que sólo se pueden encontrar en determinados lugares. Es de gran importancia conservar y difundir el conocimiento y el aprecio de cada cultura, ya que los productos reflejan la esencia de su lugar de origen y la técnica de su manufactura, a veces centenaria, enseñada de padres a hijos.

Una Coca-Cola sabe igual en España que en Rusia o en cualquier otro lugar del mundo ya que se prepara a base de una fórmula química exacta. Pero el sabor de un vino, un queso, un jamón serrano, o un aceite de oliva depende de muchos factores controlados por la naturaleza, y puede variar no sólo por circunstancias geográficas de una zona a otra, sino también por circunstancias climatológicas de un año a otro dentro de la misma zona, como se demuestra claramente en las añadas de los vinos.

Una de las grandes preocupaciones de Slow Food es salvaguardar los productos artesanales y los lugares tradicionales de comida como tascas, heladerías, pastelerías o cafés, que están amenazados por la competencia de las grandes cadenas de restaurantes y supermercados y por los productos industriales que se ofrecen a precios inferiores.

Obviamente, este blog no puede dejar de apoyar esta iniciativa.

Su web en España.