25 abril 2008

TRANSGENICOS: ¡NO, GRACIAS!

Maiz transgénico


Aunque muy de pasada, ya hice mención de los transgénicos en el post que dediqué a Vandana Shiva. Esta gran mujer es referente mundial en la lucha contra las grandes multinacionales de la biotecnología que pugnan por controlar la producción mundial de alimentos.

Nada me parece más peligroso que dejar algo tan importante como la alimentación humana en manos de este tipo de grupos económicos de poder, cuyo principal interés -lógicamente- pasa por los beneficios de sus accionistas… aunque los no accionistas puedan morir de hambre.

¿Somos realmente conscientes de este problema?

Hoy, es mi intención profundizar un poco más en la raíz del asunto: los alimentos transgénicos.

¿Qué es un transgénico?



También conocidos como OMG (Organismo Modificado Genéticamente), los transgénicos son organismos vivos cuyo material genético ha sido diseñado y modificado, es decir, alterado deliberadamente.

Que duda cabe que la biotecnología, convenientemente controlada y enmarcada en su ámbito de investigación a nivel de laboratorio, puede y debe solucionar numerosos problemas de salud en los humanos.
Bajo ese punto de vista, cuenta con mi apoyo.

Pero ¿qué sentido tiene modificar genéticamente productos vegetales (o animales) y lanzarlos masivamente a la producción agroalimentaria?.

Desde la parte interesada (léase multinacionales de la biotecnología) se argumenta que se producen plantas más sanas, con menor necesidad de nutrientes, plaguicidas, etc…

Desde la contraria, en la que me incluyo, aparte de demostrar que estas argumentaciones son completamente falsas (en los cultivos transgénicos cada vez se emplean más nutrientes químicos y plaguicidas, que -lógicamente- son comercializados por los mismos vendedores de las semillas transgénicas) se intuye una suerte de control de la producción alimentaria como inagotable fuente de ingresos; además de acabar con la biodiversidad que tantos millones de años le ha costado al planeta conseguir.

Ha de saberse que una semilla transgénica produce plantas con frutos estériles. Es decir, de una semilla de maíz saldrá una planta de maíz que dará mazorcas, cuyas semillas al plantarse no darán origen a ninguna otra planta de maíz. Eso sí, parece un maíz normal y corriente, incluso más “bonito” que el maíz convencional.

Una estrategia de negocio (que no es de otra cosa) que rompe y usurpa a los campesinos el control de su propia producción. ¿Quién decidirá qué comemos?.

Resulta que toda la herencia genética que se ha logrado a lo largo de miles de años, consiguiendo semillas y variedades de plantas cada vez más adaptadas a las condiciones y circunstancias particulares de cada comarca, región e incluso localidad… de repente desaparecen porque ahora ya no hay que cultivar ese maíz, sino uno que trae por nombre las extrañas siglas MON810 y que además (como bien indican sus tres primeras letras) está patentado por Monsanto (multinacional del ramo). Porque esas semillas tienen patente y están protegidas por la ley. Atrévete a usurparlas y caerá sobre ti el peso de los más prestigiosos gabinetes de abogados de los grupos multinacionales, que por supuesto forman parte integrante del propio negocio.

Todos los campos acabarán convertidos en auténticos mares de monocultivo de plantas que producen una toxina que -teóricamente- las protege de algún insecto; aunque lógicamente la toxina afectará también a muchos otros que no atacan al maíz, exterminándolos también (incluidas las abejas) y acabará introducida en la cadena alimentaria. Es cuestión de tiempo.

Y lo hará sin que nadie sepa qué consecuencias a medio o largo plazo puede tener en las personas o animales que los consuman. Porque no hay que olvidar que la mayor parte de manipulaciones genéticas se realizan con bacterias y virus, y que esa porción de ADN acabará en nuestro estómago, se diga lo que se diga.

Es una situación similar a la que se está produciendo con los teléfonos móviles.
No está demostrado que sean dañinos (al menos eso dicen los fabricantes), aunque una creciente porción del mundo científico sospecha que puedan serlo a largo plazo. Muchas polémicas se han vivido entorno a su uso indiscriminado y a la instalación masiva de antenas en cualquier lugar. Pero claro, no vamos a esperarnos no se sabe cuantos años a averiguarlo y perdernos este negocio.

La amenaza de los transgénicos no debemos tomarla a broma.
Independientemente del tema de salud pública (que no podemos ni debemos obviar), un mínimo ético y moral exige preservar la biodiversidad genética como verdadera herencia natural de la humanidad y garantía de aprovisionamiento de nuestros alimentos.

Greenpeace, conocida organización ecologísta desarrolla varias campañas a nivel mundial para concienciar a la población sobre este creciente problema.
Por otra parte, publica gratuita y regularmente una Guía Roja y Verde los alimentos transgénicos en España en la que se recogen las empresas, productos y marcas que –abierta u ocultamente- contienen ingredientes genéticamente modificados.

El resto es cosa nuestra. Porque somos nosotros los responsables de lo que compramos y de lo que consumimos.

Particularmente ya hace mucho tiempo que la consulto cada vez que tengo que decidir si adquirimos alguna marca o producto distintos de los que habitualmente incluimos en la lista de la compra.

¿Qué vas a hacer tú?

2 comentarios:

Tormenta. dijo...

Yo lo que haré será no consumir productos transgenicos, que mal,no?
A dónde llegará todo esto?

Desde luego que hoy en día..entre las comidas enlatadas(que hay cada una que no sé como se atreven a comer uff) y todo lo demás como en el caso que comentas habrá que ir con mucho Ojo! Al final nos preguntaremos..¿qué estoy comiedo?.. ayayyay
Besos majo!.

Artea dijo...

Bueno, al menos ya somos dos.

Toda playa se construye sumando granitos de arena.

Un abrazo.