
Fotografía de ::Taylor::La vida se abre camino.
El camino va tomando forma.
La forma necesita aprendizaje.
Aprendamos a usarnos.
Inicio nueva sección en el blog a la que vengo a llamar Usándonos.
En ella daré cabida a cuestiones relativas a la relación con nuestros cuerpos, aunque a veces... inevitablemente... acabarán en nuestras mentes... o en nuestros corazones.
Pocas veces somos conscientes de cómo nos usamos física, emocional y mentalmente.
Y en menos todavía alcanzamos a descubrir qué cosas podemos hacer para usarnos de otro modo más acorde con ser y estar en este mundo, de un modo distinto al habitual.
Es un enfoque práctico que puede ayudarnos a adquirir mayor conciencia de nuestro espacio y nuestro tiempo.
Si podemos aprender a usarnos de otro modo, quizás podamos también "vivirnos" de otro modo.
El que quiera, que lo pruebe. Aquí no se pasa por caja, ni siquiera en plena crisis.
Propuesta de hoy: tómate dos minutos diarios para cerrar los ojos.
Se trata de una propuesta a realizar durante el día, en los momentos de vigilia.
Se realiza sentado frente a una mesa. Los pies en contacto con el suelo y la parte baja de la espalda con el respaldo de la silla. Un poco como si el trasero quisiera empujar hacia detrás.
Desconecta de todo cuanto estés haciendo. Tendrás que encontrar el momento para tí más adecuado.
Es conveniente hacerlo en un lugar lo más aislado posible de fuentes de luz y de sonido (oscuro y silencioso).
Con el tiempo, esto puede hacerse prescindible, aunque para muchos... acaba siendo imprescindible.
Cierra los ojos por completo. Procura hacerlo sin necesidad de tensionar el entrecejo.
Coloca la parte inferior de las palmas de tus manos en los ojos (que estaban cerrados, recuerda).
Las fosas nasales deben quedar libres.
Apoya tus codos en la mesa. Deja caer tu frente en las palmas de tus manos.
Recuerda que la parte baja de las manos "recojen" los ojos (que siguen cerrados).
Encontrada esta posición toma conciencia de tu respiración.
Fíjate en la capacidad de tu respiración.
Inspira y expira un par de veces, con toda normalidad, para adquirir conciencia de cuánto inspiras normalmente.
Ahora pasamos al ejercicio en sí.
Vas a inspirar solo un poco más de lo que lo haces normalmente. Sin forzarte. Solo un poco más.
Deja que la expiración venga sola. Luego, naturalmente vendrá otra inspiración que harás, otra vez, solo un poco más grande de lo que la haces normalmente. Y deja que vuelva, otra vez sola, la expiración.
Observa si la inspiración y la expiración las realizas a través de la nariz, la boca, ambas o una combinación (inspirar por una y expirar por otra).
Durante el ejercicio, tratarás de inspirar a través de la nariz y expirar a través de la boca.
Una inspiración seguida de una expiración es un ciclo.
Al final del primer ciclo cuenta, mentalmente, uno.
Al final del segundo cuenta, mentalmente, dos.
En la posición que habíamos descrito anteriormente, el ejercicio consta de quince ciclos.
Al finalizar el quinceavo, levanta el cuello y la cara separándola de las palmas de tus manos.
Despacio, abre los ojos.
Trata de sentirte.
¿Tienes dos minutos al día?
Pruébalo, y si quieres, comentamos.
Leer más
Contraer