Un día, un chofer llevaba el coche de su empresa por una carretera nacional que conduce hacia Tokio. Justo delante circulaba un camión a una velocidad muy lenta; de frente venían sin cesar otros coches que le impedían todo adelantamiento; no había remedio y siguió pegado al camión. Se fijó en el contador: oscilaba entre los diecisiete y diecinueve kilómetros por hora. Realmente era demasiado lento y lógicamente se fue irritando. En cuanto intentaba pasar al camión, se encontraba con la línea blanca continua que se lo impedía; en cuanto esta terminaba, venían nuevos coches de frente, luego un triciclo o peatones y otra vez automóviles. Así pues no había otra solución que seguir el paso del camión. Mientras tanto pensaba: Pues menos mal... Que si viene a ser un tractor...ya estaría lleno de polvo. Esto sí que sería terrible... De repente, el camión paró y el frenó en seco: al reanudar la marcha vio que el frenazo se debía a un gran hoyo en la calzada. Gracias a la lentitud, lo evitó.
Haruchika Noguchi
Correr más no asegura en modo alguno llegar antes.
Artea A propósito de la velocidad de nuestra vida.
Bonus track.-
Tema: Walk with you Artista: Ryan Farish Álbum: From the sky (2005)
Cuando un hombre común adquiere conocimiento, se convierte en un sabio.
Cuando un sabio adquiere conocimiento, se convierte en un hombre común.
Proverbio Zen
Casi siempre, la meta final, se parece demasiado, al punto de partida.
Muchos caminos de ida, acaban en un solo sendero: el de regreso.
Artea
Bonus track.-
Tema: The Circle Begins Where the Circle Ends Artista: Sayama Álbum: Harmony (2008)
Advertencia para los lectores: Contemplar de forma continuada la fotografía, y simultaneamente escuchar la música, puede provocar un estado de relajación poco aconsejable para mentes ansiosas. Hágase con prudencia. El autor no se hace responsable de los efectos que pueda causar esta inusual combinación.
Las guarda en forma de contracturas más o menos fuertes o extensas, dependiendo de las circunstancias que las generaron, del tiempo y momento en que se produjeron y del desarrollo de la persona. Por tanto, cuanto más inmaduro, menos capacidad se tiene para hacer frente a las adversidades y más extenso tendrá que ser el bloqueo para ser eficaz.
Tanto la memoria de las experiencias vividas como las fijaciones corporales son las responsables de nuestra creciente rigidez.
La salud sería, por tanto, la plasticidad para hacer frente a las necesidades mediante contracciones y movimientos, pero recuperando el tono base. Como un elástico: si lo estiramos cede, cuando lo dejamos, se contrae.
Deja de ser elástico, cuando queda fijado, cuando pierde su capacidad de cambiar.
Luz Casanovas en La memoria corporal
Desde hace algunas semanas, en el Centro donde completé los dos cursos de Quiromasaje asisto a clases prácticas con pacientes reales. No es gente que venga a darse un masaje por gusto o porque tiene ligeras molestias muy localizadas. Algunos vienen con serios problemas musculo-esqueléticos y fuertes restricciones de movilidad.
Por supuesto que son atendidos por un experto fisioterapeuta-osteópata con amplia experiencia en otros campos de las medicinas alternativas, como por ejemplo la kinesiología o la acupuntura. Los demás vemos, tomamos notas, y si acaso aplicamos alguna técnica bajo su directa supervisión.
En las clases teóricas de los cursos se trató -en su día- el tema de la memoria muscular. Es algo que apenas pude ver in situ en un par de ocasiones durante mis prácticas de segundo curso. Ahora, puestos ya en harina, aparecen prácticamente en cada sesión.
Y, después de lo visto en estas últimas, en las que más de un paciente ha estallado en llantos tras tratarle acertadamente alguna fuerte contractura muscular, me resulta ya evidente el papel de "coraza psicológica" que representan. No es un llanto fruto de un dolor físico, sino que tiene un fuerte componente psiquico-emocional y un matiz "liberador" del que carece el puro dolor físico.
Pregunté a una chica tratada de una fuerte contractura en el peroneo lateral izquierdo el porqué apareció tan subitamente el llanto tras aplicarle varias técnicas con el objetivo de distender el espasmo de este músculo. Y su respuesta fue reveladora: "de repente aparecieron en mi mente las imágenes del accidente que tuve".
Su problema muscular, fruto de aquél desdichado incidente con su moto, no solo le había provocado su problema "físico". Toda la angustia del momento quedó congelada en aquella lesión, de la que derivó -a posteriori- la espasticidad del peroneo. Y resultó liberada de repente al ceder el espasmo.
Hoy volví a verla. Le pregunté qué tal estaba. Era perceptible que la movilidad del músculo era muy buena. La contractura había cedido. "Me he quitado un peso de encima".
Es muy probable que alguna de sus "contracturas mentales" haya mejorado -también- ostensiblemente.
Artea
Bonus track.-
Artista: Djivan Gasparian Tema: Armenia Álbum: Armenian Duduk (2003)
El duduk es una suerte de oboe, típico de Armenia, fabricado con madera de albaricoquero que, en buenas manos, es capaz de estremecer el más duro de los corazones.
Las puertas de acceso a la vida desdichada llevan unas indicaciones áureas. Formularon estas indicaciones el sentido común, sin duda, el alma sana del pueblo o hasta el instinto por lo que acaece en lo profundo. Pero, al fin y al cabo, el nombre que se dé a esta habilidad admirable es muy secundario. Se trata fundamentalmente de la convicción de que no hay más que una sola opinión correcta: la propia. Una vez que se ha llegado a esta convicción, muy pronto se tiene que comprobar que el mundo va de mal en peor.
Paul Watzlawick en El arte de amargarse la vida
Tropecé con este libro en la cafetería donde desayuno por las mañanas. Es una cafetería que dispone de un punto de encuentro de Book-Crossing, un interesante modo de compartir (en este caso libros) al que me acabo de incorporar tras haber estado husmeando en su trastero durante semanas. La idea es bien sencilla, lo que la dota de grandes opciones. Libera tus libros, esos que tanto polvo acumulan en las estanterías. Déjales viajar, cambiar de manos, de casa, de estantería, de ambiente... y déjales que hagan nuevos amigos. Mañana soltaré un par de títulos. Han tenido mucha paciencia conmigo. Merecen un descanso.
Artea
Bonus track.-
Artista: Lisa Ono Tema: Manoa Álbum: Bossa Hula Noa (2001)
Hoy quisiera olvidarme del mar, del mar en las ventanas, del dígale usted a todos buenos días, seguimos por aquí, así como siempre, muy buenos de salud y de agonía.
Hoy quisiera no saber las palabras, olvidarme los ritos, las maneras, ser tan libre como la mano de una niña, o el ojo de un pájaro en la niebla.
Hoy quisiera -queremos siempre y para nada sirve- decir palabras lentas, melodías colgadas de la sombra, sueños que se entrecruzan, heroicas campanas.
Pero somos de aquí, del billete señor, la carne va subiendo y el hígado del viejo se estropea.
Somos de las tardes de fútbol.
Hoy quisiera -quieres tantas cosas- cerrar de una vez esta ventana y descansar del ruido de allá afuera.
Pero entran el mar, el ruido y el regusto brutal de toda esta tierra.
Somos de ahí, de enfrente, justo al lado donde se ama y crea.
Somos -y hoy yo quisiera...- del urbano paisaje de la tierra y aquí no hay quien se salve de la hoguera.
Jose Antonio Labordeta In memoriam.
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Artista: José Antonio Labordeta Tema: Albada Álbum: Cantata para un país (2005)
Una de las cualidades del silencio profundo, de aquél silencio que se vive en soledad, es la de enfrentarnos al vacío; nuestro propio vacío: el auténtico espejo de nuestras ansiedades más recónditas.
Artea
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Artista: Corciolli Tema: Prysma Álbum: Tocando a alma (Vol. 1) (2001)
En sus ojos se dibujó un evidente gesto de preocupación a medida que veía descender el disco solar tras la inmensidad de la montaña que, frente a sus ojos, todavía le separaba del punto donde quería pasar la noche. No eran pocos los peligros que acechaban en aquellas alturas, desprovistas de refugio alguno.
Apretó los dientes, cerró con fuerza sus dedos alrededor del bastón y aceleró el paso.
- Tenía que haber echo caso al viejo que, al amanecer, me aconsejó que me detuviera en la abadía a pasar la noche: “Es una locura afrontar la travesía de la montaña sin la claridad de un largo día por delante. No lo lograrás”. -¿Qué me obligaba a hacerlo? ¡Nada!.
En su mente se agolpaban sentimientos encontrados. Podía retroceder hasta la vieja abadía, pero tampoco la alcanzaría antes de bien entrada la madrugada. Y quizás, en ese mismo tiempo, pudiera atravesar la montaña... pensaba.
Su respiración se tornaba jadeante a medida que el camino ascendía a través del cerrado bosque.
- ¡No puedo deternerme ahora!.
De su interior brotaba una gran fuerza que le espoleaba a continuar.
Una hora más tarde, el camino apenas era perceptible. Las sombras de la noche desdibujaban sus límites. Y una densa niebla comenzaba a elevarse desde el valle.
Un sudor frío comenzó a brotar de su frente, confundiéndose con las gotas que destilaba su inevitable esfuerzo físico tras haber andado un gran desnivel.
Estaba perdiendo toda referencia. A la falta de luz -ya de por sí condicionante- añadía ahora el verse inmerso en la profundidad de la niebla.
- ¡Maldita sea!. - Me aseguraron que en esta época no había riesgo de nieblas en la montaña.
Su marcha se había vuelto lenta e insegura. Le resultaba casi imposible seguir el camino. Su mente había sido invadida por las dudas. Volvía atrás un trecho y tomaba otra dirección para, en poco tiempo, volver sobre sus pasos. Se había perdido.
Tomó asiento en una piedra. Intentó respirar lentamente. Sabía que de este modo podría calmar su mente. Confiaba en encontrar alguna alternativa.
Pero, en la misma medida que la noche cerró por completo el bosque, no tardaron en aparecer sonidos que no hacían otra cosa que incrementar su inquietud interna. En la más completa oscuridad, el simple canto de la lechuza, unido al crujir de una rama y la sombra de cualquier árbol, sugerían a sus ojos un sinfín de imágenes que -gracias a su inquieta imaginación- solo le inspiraban desasosiego.
Sus propios fantasmas comenzaban a acecharle.
Miró a su alrededor, en todas direcciones. Sus pupilas, ya completamente dilatadas, apenas lograban vislumbar unos metros. El miedo le invadió en la misma medida que el frío. Estaba empapado por la humedad que la niebla había traído consigo. Abatido, cayó de rodillas... y una primera lágrima apareció en su semblante.
El llanto, no tardó en desbordarle. Su cuerpo y su mente, habían sido atrapados por la oscuridad. Quedó paralizado.
Había perdido el camino... y estaba convencido de que no lograría sobrevivir a la noche atrapado en aquél oscuro bosque y con este frío.
Apenas pasado el mediodía, al cruzar por la abadía, ya había agotado sus provisiones y el agua de su cantimplora en un esfuerzo -ahora considerado inútil- de avanzar más allá de lo que dictaban las normas del camino. Entonces creyó que podría imponerse por encima de ellas. Su orgullo confió demasiado en sus fuerzas... y no supo ver los límites que frente a él, aconsejaban prudencia ante determinados retos.
Y ahora... enmedio de aquella soledad... en su mente se agolpaba una sola idea.
- ¡Tengo que prepararme para morir!.
Y con toda intensidad, cerró sus ojos y abrazó su cayado. Sus rodillas se clavaron en el barro. Y comenzó a recitar una oración. Una vieja oración que su madre le había enseñado de pequeño y que no había repetido desde adolescente.
Transcurrió media hora y seguía recitando los versos.
- ¡Tang!
El sonido de una campana atravesó la niebla.
En un instintivo gesto, sus ojos se abrieron en la misma medida que el sonido crepitó en sus oídos.
Se hizo de nuevo el silencio.
Apenas habían pasado dos minutos cuando, de nuevo, el sonido inundó la montaña.
- ¡Una campana!. Se dijo a sí mismo.
Y una campana siempre tiene una mano que la tañe.
No pudo evitar que un terrible grito de socorro se escapara de su garganta.
Y de nuevo, otros dos minutos..., y la campana sonó de nuevo.
Miraba a su alrededor, pero en medio de la oscuridad, era incapaz de encontrar dirección alguna. Estaba completamente ciego, a pesar de que los ojos se salían de sus órbitas esperando encontrar una luz enmedio de la niebla.
Y la campana, volvió a emitir su canto.
Enseguida supo que sus ojos serían incapaces de descubrir nada... y decidió cerrarlos. Había escuchado que, los verdaderos ciegos, acaban desarrollando el resto de sus sentidos al carecer de visión; y así fue que abandonó su alma al sonido.
El siguiente tañido dibujó un camino en su mente. Con los ojos cerrados, dio un paso en la dirección que le indicaban sus oídos. Y usó su cayado para tantear el espacio inmediatamente abierto ante sus pies.
El siguiente tañido le confirmó que la dirección era correcta. El sonido crecía en intensidad. Se había acercado a su origen.
Y así fue que, contando sus respiraciones para hacerlas coincidir en número con los dos minutos de intervalo entre los tañidos de la campana, verificaba -a través de su escucha- que la dirección de sus pasos era la adecuada: se acercaba cada vez más al origen sonido.
Ciento diecisiete tañidos después la campana calló. Y Ran, sobresaltado, abrió sus ojos. La niebla había desaparecido... y la luz de una pequeña vela adivinaba los perfiles de una ventana a lo lejos, casi en la cima de la montaña.
Fotografía de Dietmar Down Under
Apenas tardó media hora en alcanzar una pequeña ermita, coronada por una humilde campana, en cuya puerta tocó con su bastón. El monje que la abrió le recibió con un escueto “pasa, te estaba esperando”.
Un humilde plato y un vaso de agua, sobre una pequeña mesa de madera, le parecieron a Ran el mayor de los banquetes a que había asistido en su vida. Apenas acabó de comer miró al ermitaño... un hombre viejo, aunque de sereno semblante.
- Duerme, le dijo el monje.
Y a pesar de que miles de preguntas se agolpaban tras sus labios, quedó inmerso en un profundo sueño apenas se deslizó sobre el lecho de paja preparado en un rincón de la pequeña estancia.
Desde siempre las dunas han ejercido un cierto poder de atracción sobre mí; y lo cierto es que no encuentro la razón que puede motivarla.
Quienes me conocen saben de mi pasión por la geología y la paleontología, pero las dunas (en sí mismas un hecho geológico) no acaban de encajar en algo "aparentemente" inmóvil (o pretérito) como puedan ser los estratos o los fósiles.
Mas bien me inclino a pensar que mi fascinación por ellas debe estar relacionada con una admiración similar a la que siento por el arte del ikebana japonés.
Quizás en su simpleza y en su belleza tan efímera y cambiante resida el secreto que hace que sus contornos acierten a captar de inmediato la atención de mis pupilas.
Un nuevo golpe de viento y lo que hasta hace un momento era... ya no es.
Otro contorno se adivina... otra forma fluye.
Y con ella... una nueva belleza y majestuosidad.
Qué extraña magia envuelve el momento presente.
Y estas dunas, tienen una particularidad que las distingue de cualesquiera otras de este planeta.
Sólo se volverá clara tu visión cuando puedas mirar en tu propio corazón.
Porque quien mira hacia fuera sueña y quien mira hacia adentro despierta.
Carl Gustav Jung
Hace un año, aproximadamente, re-inicié mi andadura en el mundo de las terapias alternativas... y como consecuencia de mis prácticas de quiromasaje...comencé a palpar cuerpos.
Conservo notas de las sensaciones que, al principio, percibía bajo mis manos.
En todas ellas había un denominador común: actuaba hacia afuera. Trataba de encontrar.
El pasado jueves atendí a un amigo que suele venir a casa buscando aliviar ciertos dolores de espalda que le aquejan.
Después de una hora y media de trabajar su cuerpo daba por concluida la sesión.
Sus sensaciones, habían cambiado por completo, como siempre que viene por aquí.
Antes de despedirnos me dijo: "parece que tengas ojos bajo tus dedos". Y marchó.
Por alguna razón que desconozco, la frase tuvo su eco en mis adentros.
Traté de despojarme de sensaciones egocéntricas e indagar en dicho eco.
Repasé mis notas más recientes.
Observé que mis sensaciones habían cambiado... y, sin saberlo, también lo había hecho mi actitud (o viceversa si se prefiere).
Y es que ahora, al contactar con las personas (que hace meses dejaron de ser simples cuerpos)... me dejo encontrar.
Ya no busco en ellas... sino en el reflejo que dejan, a través de mis manos, en mi interior.
He comenzado a descubrir un modo distinto de mirar hacia dentro: dejar de buscar fuera.
Artea
Bonus track.-
Tema: Quiet as Shiban Autor: Wong Wing Tsan Álbum: Quiet as Shiban (2008)
La vida no es justa, pero aún así es buena. Cuando tengas una duda, sólo toma el siguiente paso pequeño que venga. La vida es demasiado corta para perder el tiempo odiando a alguien. Tu trabajo no te cuidará cuando estés enfermo, tus amigos y familia sí. Mantente en contacto. No tienes que ganar cada discusión. Debes estar de acuerdo en no estar de acuerdo. Llora con alguien. Alivia más que llorar solo. Está bien enojarse con Dios, ÉL lo puede soportar. Cuando se trata de chocolate, la resistencia es inútil. Haz las paces con tu pasado para que no arruine tu presente. Está bien dejar que tus hijos te vean llorar. No compares tu vida con la de otros. No tienes ni idea de cómo es su travesía. Respira profundamente. Eso calma la mente. Elimina todo lo que no sea útil, bonito o alegre. Lo que no te mata, en realidad te hace más fuerte. Nunca es tarde para tener una infancia feliz. Pero la segunda sólo depende de ti. Cuando se trata de perseguir aquello que amas en la vida, no tomes un NO como respuesta. Enciende las velas, utiliza las sábanas bonitas, ponte la lencería cara. No la guardes para ocasiones especiales. Hoy es especial. Se excéntrico ahora. No esperes a ser viejo para serlo. El órgano sexual más importante es el cerebro. Nadie es responsable de tu felicidad, sólo tú. Enmarca todo supuesto "desastre" con esta frase: "En cinco años, ¿esto importará?" Perdona todo a todos. Lo que otros piensan de ti, no es tu problema, ni te incumbe. El tiempo cura casi todo. Dale tiempo al tiempo. Por más buena o mala que sea una situación, algún día cambiará. No te tomes tan en serio. Nadie más lo hace. No cuestiones la vida. Sólo vívela y aprovéchala al máximo hoy. Envejecer es mejor que la alternativa ... morir joven. Tus hijos solo tienen una infancia, procura no perdértela. Todo lo que verdaderamente importa al final es que hayas amado. Sal todos los días. Los milagros están esperando en todas partes. Si juntáramos nuestros problemas y viéramos los montones de los demás, querríamos los nuestros. La envidia es una pérdida de tiempo. Tú ya tienes todo lo que necesitas. Lo mejor está aún por llegar. No importa cómo te sientas ... arréglate y preséntate. Cede. La vida no está envuelta con un lazo, pero sigue siendo un regalo.
Regina Brett (The plain dealer)
Hace pocos días releía este texto de Regina Brett, que no tiene 90 años por mucha leyenda urbana que circule al respecto.
El final de las vacaciones siempre es un momento interiormente relevante... como un paso que te sitúa ante dos horizontes distintos: aquello que acaba de concluir, normalmente con un agradable sabor... y aquello que empieza a iniciarse, normalmente asociado a un ritmo y secuencia distintos (si se quiere puede utilizarse el término rutina, seguramente muchos comprenderán el significado que aquí intenta transmitirse).
Y pensé que los consejos de Regina en sus 50 lecciones de vida, podrían resultar un buen texto para invitar a la reflexión en un momento como este.
Hoy, tras las consecuentes reflexiones y tres días después de retomar la actividad laboral, descubro que la pobrecita depresión postvacacional duró el tiempo que tardó en arrancar el ordenador... engullida por cientos de correos electrónicos y un taco de escritos.
El final de todo viaje, siempre trae consigo un cierto aroma de regreso.
Buenas... de nuevo.
Artea
Bonus track.-
Tema: Moonrise Autor: Brian Crain Álbum: A simple life (2005)