
Cuando salimos del vientre de nuestra madre, somos básicamente seres emocionales. Lo único que somos capaces de hacer es emocionarnos. No disponemos de un lenguaje verbal ni de sus conceptos asociados para identificar nuestras experiencias ni para comunicarnos efectivamente con ellas. Ni disponemos de las habilidades motrices para participar físicamente en nada.
Nuestra experiencia en el mundo es simplemente la de la energía en movimiento, en moción, o emoción. Y permanecemos en este estado puramente emocional hasta que reconocemos algo. Así pues, nuestra conciencia comienza en la esfera emocional.
La entrada en el siguiente estadio del sendero de la conciencia, es decir, en la esfera mental, tiene lugar cuando aprendemos a utilizar deliberadamente nuestras emociones para conseguir un resultado concreto.Cuando sucede esto, las emociones dejan de ser un reflejo reactivo ante nuestras circunstancias, para convertirse en un medio de respuesta y, de ahí, dirigir el resultado de nuestras experiencias.
Es decir, en el momento en que utilizamos deliberadamente el llanto o la sonrisa como un instrumento de comunicación para manipular conscientemente nuestra experiencia vital, dejamos de ser puramente emotivos; es decir, estamos participando también mentalmente en nuestra experiencia.
La entrada a la esfera mental se concreta cuando aprendemos la primera palabra.
Nuestra primera palabra es el acto de ponerle nombre a algo, y es normal que le pongamos nombre a aquello que reconocemos, simplemente porque lo reconocemos.
Michael Brown en El proceso de la presencia
Bonus track.-
Artista: Shankary Lasya
Tema: In my world
Álbum: Buddha Sounds III - Chill in Tibet (2006)
