10 diciembre 2007

En este momento...

Ángel triste




En este momento,
en que el vacío llena todo por completo,
en que el alma parece no encontrar refugio,
en que el corazón rebosa de lágrimas.

En este momento,
en que los recuerdos se agolpan,
confundiendo presente y pasado,
aturdiendo pensamiento y razón.

En este momento,
en que la niebla parece no tener fin,
en que los pájaros cesaron su canto,
en que la mirada no encuentra su reflejo.

En este momento,
en que solo el dolor parece tener cabida,
en que la angustia ahoga toda sonrisa,
en que la paz interior parece perdida.

Has de saber...

Que el amanecer siempre acaba iluminando la más negra noche.
Que la calma siempre acaba sobreponiéndose al desasosiego.
Que el amor siempre acaba superando el desconsuelo.
Que la mayor de las desgracias siempre esconde tras de sí,
la oportunidad de aprender una nueva lección.

En verdad...

Solo poseemos aquello de lo que estamos dispuestos a desprendernos.
Solo retendremos en nosotros aquello de lo que podamos prescindir.
Solo somos aquello a lo que en verdad estamos dispuestos a renunciar.

Polvo en el camino...
Polvo que levantan nuestros pasos al andar.
Polvo que al camino regresa, tras nuestro caminar.

Hoy tiendo mi mano hacia ti,
para ayudarte a levantar de nuevo el pie,
para ofrecerte mi cariño y aliviar tu dolor,
para compartir el largo camino, que nos queda por andar.

Artea
Dedicado a Susana,
una buena amiga,
que atraviesa un mal momento.

2 comentarios:

Susana dijo...

Artea, qué bonitas palabras... y qué dura realidad...

Desde que nuestros caminos se cruzaran un día en esta red, sabes que hemos pasado muchos momentos... momentos que han desencadenado en el lazo de aprecio que ahora nos une...

Desde que descubriera este, tu nuevo blog, he entrado cada día porque sabía que tú me escribirías unas palabras al conocer esta triste noticia. Y bien sabe Dios, que he necesitado de estas palabras... he entrado aquí como el sediento acude al manantial.

Qué cuesta arriba se me hace todo... Sé que toda vida tiene su fin pero ¿por qué así?

Sé que este momento pasará, miro a mi alrededor y veo que muchas personas, han superado esta situación, pero qué lejos... qué lejos lo veo y qué solitario y frío presiento el camino...

"Papá"... qué palabra tan simple y qué vacío encuentro su significado... No lo entiendo... no entiendo muchas cosas, sólo puedo sentir su ausencia...

Artea dijo...

Con alguna que otra pequeña lágrima recorriendo mis mejillas, celebro que mis palabras puedan reconfortarte en estos duros momentos por los que atraviesas.

¿Para qué sino están los amigos?.
Están para cuando de verdad se necesitan.

Y yo estoy aquí, a tu lado, intentando -en la medida que pueda- compartir tu dolor, aliviar tu pena, y aportarte mis sentimientos y experiencia por si pudieran alumbrar un poco tus actuales tinieblas.

Todos sabemos que la vida tiene un final. Es una sentencia a la que estamos abocados desde que nacemos. Pero ciertamente parece que siempre estamos dando la espalda a esta realidad cuando no intentando ocultarla o disfrazarla. De ahí que casi nadie estamos preparados (porque tampoco nadie nos ha enseñado) para abordar estos momentos que, aun sabiendo que tarde o temprano llegarán, siempre intentamos aplazar indefinidamente.

Un día, de repente... una mala noticia médica, un trágico accidente de circulación, un infarto repentino o cualquier otro tipo de acercamiento instantáneo a la posibilidad de una muerte, nos devuelve -sin previo aviso- a una realidad a la que ya no podemos dejar de mirar a los ojos.

Si el desenlace final conlleva el fallecimiento de algún ser querido cercano... acontece lo que ahora mismo estás viviendo.

Comprendo tu situación, tus sentimientos y tu estado interior. Conviene que sepas que -en estos momentos- es normal que te encuentres así. Tampoco debes hacer ningún esfuerzo por salir rápidamente de esa situación. Todo lleva su tiempo... y en este caso, el proceso de asumir que en tu vida va a faltarte la figura de tu padre, es algo que tienes que ir fraguando poco a poco.

Por tanto llora, si lo que quieres es llorar; grita, si lo que quieres es gritar.

Expresa tus sentimientos, no los disfraces ni los ocultes.
Habla con él.
Dile como te sientes.
Dile cuánto le quieres y le querrás. Dile cuánto lo echas de menos.

Si algo te quedó por decirle, es el momento de hacerlo.

Es inútil preguntarse porqué fue así y no de otro modo. Nadie tiene respuesta a esa pregunta, salvo Dios... si eres creyente.
Nadie -en condiciones normales- elige la forma en que abandona este mundo.
Ni tampoco nadie puede afirmar que una determinada forma sea mejor o peor que otra.

Lo importante, al final, es que dejamos esta vida... y cómo lo afrontamos y nos preparamos para ello... acaba marcando la diferencia.

La muerte es algo consustancial a la vida. Irrepetible e irremediable.

Nada ni nadie puede evitar nuestra propia muerte ni el sufrimiento que nos causa la de los demás.

Y sólo hay un camino para superarla emocionalmente: afrontarla de un modo pleno y consciente.

Superarás el momento que atraviesas cuando aprendas a vivir con esa ausencia. Porque es así como vas a tener que continuar tu vida... sin tu padre.

Pero lo lejano que veas el horizonte y lo frío que presientas el camino puede cambiar más de lo que ahora crees.
Porque no estás sola.
Porque no eres la única que atraviesa ese camino.

Tienes a tu madre. Tienes a tu hermano. A tu marido. A tu hija. Al resto de tu familia. A tus amigas. A tus amigos. Y a muchos otros que sin serlo, seguro que sienten un cierto aprecio por ti.

Todo ese mundo sigue estando ahí. Y en este momento, aunque no lo creas... está contigo. Aunque sea solo un ratito. Aunque sea momentaneamente. Pero está ahí.

Trata de aprovecharlo.
Déjate reconfortar.
Déjate abrazar.
Déjate querer.
Abre las puertas de tu corazón, pues el dolor compartido siempre es más soportable.

Aquí tienes tu casa.
Sabes que soy caminante.
Mi mano tienes tendida.
Puedo andar contigo muchos kilómetros. Soy un buen andarín.
Siempre voy ligero de equipaje... para poder andar y al tiempo dialogar.

Anímate a andar.
Calza tus botas de caminante.
Alza la mirada.
Y da el primer paso.

Sigue las huellas de la vida.
Busca las claves de la felicidad.

Siempre encontrarás a alguien... compartiendo el camino