07 abril 2008

El Gran Silencio

Cartel de El Gran Silencio



El Gran Silencio es, sin lugar a dudas, una de las películas que más honda impresión me ha causado.
Ocupa un lugar preponderante en mi videoteca, y seguramente por ello la traigo ahora hasta aquí.

Anticipar que la película precisa de una cierta actitud por parte del espectador. No es fácil permanecer en silencio durante casi tres horas. De ahí que os recomiende visualizarla en algún momento que dispongáis de este tiempo, sin ninguna prisa y estando dispuestos a contemplar.

Su visión requiere dejarse aparte las preocupaciones, agobios y ansiedades propias de nuestra rutina diaria. Y renunciar al ruido con el fin de poder “escuchar” otras realidades.



Philip Gröning, su autor, quiso profundizar en las raíces de su propio catolicismo y mostrar al mundo el lado religioso que todos tenemos. Así pues, en 1984 se dirigió al padre prior del monasterio de los cartujos de le Grande Chartreuse (cerca de Grenoble), en los Alpes Franceses.
Su idea era rodar la vida de estos monjes.

Pasaron quince años antes de que el permiso llegara. Muy probablemente, Gröning ya se habría olvidado de su antiguo proyecto.

Y las condiciones para poder hacerlo eran bien estrictas: Sólo podría entrar en la cartuja el propio Gröning con su cámara y nada más. Ni focos ni torres, ni ayudantes, ni nada de nada. Ademas, Gröning tendría que llevar la vida de un novicio respetando la regla, incluida la del silencio.

Gröning pasó en total seis meses en esa cartuja perdida en los Alpes. Fue filmada entre el 2002 y el 2003. Todo su equipo era una videocámara Sony 24P de alta definición y un super 8. En total filmará 120 horas de material, que después del montaje se vuelven 166 minutos. Gröning filmará, montará y producirá la película completa él solo.

En la película apenas hay voces humanas, un leve murmullo necesario en el trabajo, el coro que canta gregoriano durante la liturgia. Y el silencio donde cualquier ruido asume un valor inmenso: una campana, pasos, hojas secas, maquinillas de rapar, monodias gregorianas, una gota de agua cayendo, el viento, los sonidos de la naturaleza...

En el silencio cada sonido adquiere un valor desmesurado, y en la renuncia al mundo cada objeto, cada instante, cada suceso mínimo, aparentemente rutinario, adquiere un valor sobrehumano.

Independientemente que se comulgue o no con la fe cristiana, la experiencia de paz y presencia que la película transmite se sitúa por encima de las creencias particulares de cada uno de los espectadores.

Obtuvo el premio al mejor documental 2006 de la academia de cine europeo.

4 comentarios:

eltiosain dijo...

Gracias.

Un abrazo

Artea dijo...

Disfrútala.

Susana dijo...

Acabo de terminar de verla. Me considero una persona creyente, pero así y todo he descubierto una nueva dimensión de la fe.
Ese grupo de monjes, de rostro grave, hierático, dedicado cada uno a sus menesteres... Y sin embargo, hacia el final del documental, me han sorprendido con una apariencia totalmente diferente, al salir y reunirse a hablar, a reír. Humanidad en estado puro...
Me quedo con buen sabor de boca después de ver la película. Y descubro en mí una paz interior que no me reconozco; encuentro fuerzas renovadas para volver a la realidad del día a día, donde el silencio apenas tiene cabida.

Abrazos en silencio compartido.

Artea dijo...

Es una excelente película.
Teniendo en cuenta que no es una película, claro.

De una parte refleja una dimensión (también humana) muy ligada a la contemplación, oración y vuelco hacia el mundo interior.
La ausencia de estímulos, al margen de los rutinarios que rompen el recogimiento interior, sitúan a los monjes frente a sí mismos.
Y es un camino que emprenden hacia dentro...alejándose del mundo.

Y es ahí donde aparece El Gran Silencio.

Si la vuelves a ver, pasado algún tiempo, le encontrarás otras vertientes... a buen seguro.

Estudioso como soy del lenguaje corporal, te recomiendo que la próxima vez prestes atención a los gestos y a las miradas.

Hay muchas otras facetas del lenguaje corporal que pueden verse claramente en la película, pero algunas miradas dicen mucho a pesar del silencio.

De otra parte, yo creo que el silencio es posible en medio del mundanal ruido.
Al menos es mi experiencia.

Puede oirse ruido, pero no escucharse.
Y puede escucharse el silencio, si se le sabe prestar oido.

Un abrazo silencioso.