24 mayo 2008

Dejar de hacer

Pasaje del silencio



Por alguna extraña razón
que no acertaba muy bien a comprender
parecía que siempre tenía prisa,
que siempre había algo inmediato que hacer,
que nunca llegaba a tiempo de nada,
que no había un punto donde concluyera
la vorágine del diario vivir.

Un día descubrí que hay cosas
que pueden dejar de hacerse,
o que no hay porqué hacer.
Ahora acierto mejor a discriminar
entre lo necesario y lo innecesario;
y el ritmo ha cambiado.
Empiezo a disfrutar del tiempo;
y del silencio.

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