13 noviembre 2008

Carta a un amigo herido

Abrazo amigo



Trasteando para limpiar el ordenador de archivos cuyo momento final ya ha llegado, tropiezo con esta carta que un día escribí a un amigo (quizá mi mejor amigo).

Por supuesto que se salvará del borrado, y creo que merecía la pena recuperar hoy y aquí aquél sentimiento que me invadió esos días.

Querido amigo.-
Ayer…ya muy tarde…supe…de repente…lo que te había sucedido.
Cual rayo en medio de la tempestad, un profundo dolor atravesó mi alma. Pude sentir el desgarrado grito de tu corazón. Noté como rebosabas de lágrimas. Oí tu llanto contenido… mezclado entre confusas palabras… que brotaban de lo más profundo de tu desesperación.
Y es que son, especialmente dolorosos, los males del amor.
Ya me resultó difícil conciliar el sueño; inmerso como estaba entre mis pensamientos, tratando de encontrar cuál podría ser mi ayuda para tu situación. El alba llegó demasiado pronto; sin que mis ojos apenas se hubieran cerrado. La mañana ha continuado con la imagen de tu rostro clavada en mi mente y con un profundo dolor en mi corazón.
No es bueno ver sufrir a un amigo.
Soy consciente de que resulta treméndamente difícil asumir la situación por la que atraviesas. Mi pretensión es únicamente estar ahí, como tu amigo que me considero, acompañándote en tu dolor, tratando de que mis brazos, mis ojos, mis palabras y mi cariño puedan ser al menos un pequeño bálsamo que alivie tu profunda herida.
Quiero que sepas que ahí estoy…para lo que puedas necesitarme.
Se que vuestra historia ha sido, para ti, un tiempo repleto de esperanza y felicidad. Se que has invertido mucho amor en esa relación. Se que te has jugado el todo por el todo. Se que nadie esperábamos nada de lo sucedido. Se que, por si fuera poco, las formas no han sido las mejores. Se que quisieras desaparecer, perderte, huir y no volver. Se que tu mirada al futuro se ha tornado de repente sombría. Cual negra noche sin luna hoy la oscuridad se extiende por tu antaño resplandeciente alma. Se que hoy, todo es negro para ti. Se que te resulta difícil dejar de pensar en ella. Se que aún la quieres…y se que aún duele más el desamor…cuando se apaga sin explicación la llama que une dos corazones.
Pero tienes que levantarte…y seguir andando.
Y además, debes hacerlo, sin que ni una milésima de odio, rencor o venganza anide en tu interior. Sin que ninguna sensación de fracaso invada tu deseo de ser feliz junto a otra persona. Sin que creas que ya no podrás encontrar tu media naranja. Sin armarte de corazas, armaduras y defensas…cada vez que una mujer se asome a tu interior buscando cariño.
Tienes que seguir abierto al amor.
Por difícil que resulte, tu corazón tiene que mantenerse sereno. De esto saldrás…y lo harás por la puerta grande. No me cabe ninguna duda. Por más que ahora al principio te cueste arrancar cada mañana. Por más que siga rebosando lágrimas la herida de tu corazón. Por más te que parezca que nada tiene ahora sentido.
Te ayudaré…te ayudaremos todos cuantos te queremos. Sabes que tienes mi hombro, mi mano, mi corazón, mi casa abierta de par en par, mi oído, mis brazos, mis ojos, mis palabras…o simplemente…mi compañía.
Hoy debes plantar en tu corazón otra semilla del amor. Tu llanto de hoy servirá para que en un tiempo, florezca nuevamente una rosa roja, fresca y radiante, joven y hermosa. Será seguramente tan bella como la que ayer te arrancaron…aunque ahora ya sabes…que las rosas tienen espinas.
También las dificultades ayudan a engrandecer el alma de las personas puras.
Hoy quiero que sepas…amigo…que estoy contigo.

Artea (2006)

5 comentarios:

Enrique Parra  dijo...

Una conmovedora carta, la verdad.. es en esos momentos amargos cuando más se necesita tener a un amigo cercano, seguro que él al leer tu carta se emocionó en ese instante, sintiendo tus palabras como un bálsamo bendito para sus heridas. Puede sentirse orgulloso de tenerte cerca, sin duda.

Ladelmedio dijo...

Es una carta de puro amor. Gracias por compartirla, me ha emocionado.

Artea dijo...

En la vida siempre hay momentos difíciles. Forman parte consustancial del camino.

Suelen ser duros, pero al final, acaban dándote la medida exacta de la autenticidad en cualquier relación humana.

Fueron momentos duros, hoy afortunadamente superados.

Había que estar ahí. Y se estuvo.

klimtbalan dijo...

Se me ha arrugaillo el corazón...es lo único que se puede hacer por un amigo cuando pasa un mal momento, escucharle y que sepa que estás ahí.
Me alegro de su felicidad actual y de la tuya tb. je

Artea dijo...

La felicidad ajena suele ser tanto o más gratificante que la propia... casi siempre.

:)