14 diciembre 2007

Pequeñas cosas que tienen un gran valor

Amor con barrera



Si algún día llegáramos a comprender el gran valor que tienen las pequeñas cosas, quizás dejaríamos de perseguir las grandes y elocuentes... que siempre acaban escapándose de entre nuestras manos.

Artea



Sentimiento de amor.
Letra y música de Triana.
Álbum: Hijos del agobio (1977)




Letra:

El día que yo salí
en busca de mi vida
y de mi yo
algo grande
sentí en mí
cuando miré hacia atrás
y dije adiós.

Sentimiento de amor
que me llevó de tí,
una ilusión.

Quedó atrás un porvenir
una seguridad
un que sé yo
ese momento comprendí
pequeñas cosas que tienen
un gran valor.

Sentimiento de amor
sentimiento de amor
que me lleva hacia tí
con mi dolor.

2 comentarios:

Almazhen dijo...

Las pequeñas cosas guardan grandes tesoros, disfrutemos pues de esas pequeñas señales que cotidianamente se abren a nuestro paso, están ahí, a nuestro alrededor y más cerca de lo que creemos, sin duda esa conjunción de minúsculos detalles nos abre la puerta a la felicidad…

Artea dijo...

En la búsqueda de la felicidad sucede, creo que con demasiada frecuencia, que solemos pensar en alcanzarla a través de proyectos o condicionantes tan grandes que, normalmente, acaban convirtiéndose en meras ilusiones; cuando no en verdaderas losas lapidarias.

Nos hacen creer que un cierto status social, nivel económico, capacidad laboral, posesiones, edad etc... puede abrirnos las puertas de la felicidad; concebida en estos casos como un supuesto estado de benevolencia que dependerá, exclusivamente, del mantenimiento de esas conditio sine qua non seremos incapaces de vivir con plenitud nuestra vida.

Un coche más grande y potente, una vivienda más lujosa y exclusiva, una cuenta corriente más abultada, un aspecto físico inmejorable, etc.... Parece que si queremos optar a la felicidad necesitamos -irremediablemente- ir a la última, y permanentemente con lo mejor.

Esa seguridad que supuestamente nos ofrecería el cumplimiento de estas condiciones, acaba convirtiéndose -al final- en la verdadera búsqueda y objetivo de nuestro camino.

Es una mera ilusión proyectada hacia el futuro, carente de todo cimiento sólido, y que caerá -como castillo de naipes- al primer embate serio al que la vida nos enfrente.

Entretanto, olvidamos mirar a los ojos a nuestros seres queridos; mantener con ellos una conversación serena y tranquila, sin horario final prefijado; dar un cariñoso beso a nuestra pareja, un abrazo a nuestros hijos o a nuestros padres; quitar o poner una mesa; colgar un cuadro; lavar los platos; disfrutar de una buena comida preparada con todo el esmero del mundo; paladear un buen vino; mirar al horizonte, descubriendo los matices del amanecer o el ocaso; vivir conforme a nuestros principios; aprender a renunciar a lo superficial e innecesario; legar a nuestros descendientes una sociedad construida sobre valores humanos y no económicos; y un largo etcétera de miles de millones de pequeños actos cotidianos que, ya sea en nuestra más estricta intimidad como compartidos con nuestra familia, amigos, conocidos, compañeros e incluso extraños, conforman nuestro presente real, aquel que no podemos evitar ni del que debemos escapar.

¿Porqué no decir te quiero? ¿Porqué no dar un beso? ¿Porqué no fundirse en un abrazo? ¿Porqué no compartirlo? ¿Porqué no hablarlo? ¿Porqué tiene que ser nuestro modo de ver las cosas el mejor? ¿Porqué no somos capaces de mirarnos a los ojos? ¿Porqué escondernos tras una apariencia? ¿Porqué no aceptarnos como somos? ¿Porqué no escuchar el silencio? ¿Porqué no conformarnos con menos? ¿Porqué no juntar nuestras manos?.

Pequeñas cosas que tienen un gran valor. Tan pequeñas, tan cercanas, tan cotidianas, tan fáciles....que acabamos perdiéndolas día a día buscando Dios sabe qué otras, tan grandes como inalcanzables.

La verdadera felicidad es la suma de todas esas pequeñas cosas, y no depende en modo alguno de ninguna condición externa. Su verdadero hogar es el corazón humano. Allí es donde hay que buscarla, encontrarla y cultivarla.

Sugerente la letra de Triana.