17 septiembre 2008

El poder curativo de la enfermedad

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Hoy vino al trabajo a despedirse ese amigo del que hablé no hace mucho en un artículo del blog.
Hacía tiempo que no le veía físicamente. Ha cambiado mucho.

Está notablemente más delgado; se le ve muy mejorado; luce una gran sonrisa... y sus ojos brillan.
Su gesto se ha hecho pausado.
Su timbre de voz ha bajado unos cuantos decibelios.
Y el ritmo de sus palabras es acompasado.

Hemos tenido ocasión de hablar de lo divino y de lo humano.
De cómo ahora todos los días son sábados.



Contaba que su vida ha dado un completo vuelco. Lo dió en el mismo instante en que le comunicaron que debían operarle de un cancer, y hacerlo con toda urgencia. En ese preciso momento todo se le vino abajo. Camino del quirófano no sabía siquiera si volvería a despertar, y pensaba qué había sido de su vida. Al parecer no le gustó el balance.

Hemos hablado de lo importante que son las pequeñitas cosas, las de cada día, esas que dan sentido a lo cotidiano.
Le comentaba lo esencial que era, para mi, poner el alma en cada cosa que hago. Hacerlas "desde dentro hacia afuera". Como si fuera la primera y la última vez que pudiera realizarlas...cada vez.

Cuán atrás queda su anterior visión de la vida. Cuán notoria se observa ahora la riqueza de su mundo emocional, antes velado por un duro caparazón imposible de atravesar.

¿Cuál es la importancia real de las cosas?
¿La que creemos?
¿La que tienen en sí mismas?
¿La que les damos?
¿La que les dan otros?
¿Qué necesito realmente para ser feliz?
Preguntas todas ellas...que ahora, por fin, tienen respuesta.

Ha recuperado viejas aficiones, como la de realizar maquetas de trenes... y va directo a un curso de cocina y de bonsais.
Tiene la nevera vacía, porque ahora compra cada día, y cocina de mercado.
Dice que antes, se le hacía mala la comida en el frigorífico.
Lee un libro por semana.
Tira el periódico entero en cuanto encuentra una noticia desagradable, y escucha música.

Le he prevenido sobre la acumulación de aficiones. Debe llevar cuidado con una posible reacción ansiosa para completar su tiempo libre...que ahora es mucho.
Antonio, déjate tu tiempo para no hacer nada.
No llenes todas tus horas de actividad.
Hay que tener un espacio vacío.
Un tiempo para nada.
Es en ese vacío donde podrás encontrarte contigo mismo...llenándolo de tu sola presencia.
Será tu espejo interior...esa pantalla donde mirarte...sin prisas...sin condiciones...sin juicios previos.

Apenas unas miradas han servido para que ambos comprendiéramos que estábamos sintonizando, de otro modo, con todo aquello que nos había tocado en suerte vivir.

Y ya ves, Antonio, cuán distinto parece todo ahora.
Y a pesar de todo, es lo mismo.
Porque el cambio se ha operado en el interior.
Y solo desde dentro puede percibirse.
Porque solo con palabras, nunca podrá explicarse.

Como quiera que en mi propia casa, con mis padres, me ha tocado lidiar con situaciones dramáticas similares a la suya, se bien hasta qué punto una enfermedad tan terrible, es capaz de provocar un cambio de tal magnitud.
Qué grande es el poder curativo de las enfermedades.
Es una lástima haber tenido que llegar a ciertos límites...para aprender a andar el camino...de otro modo.

Nos hemos despedido.
Quizás algún día, volvamos a vernos, y podamos continuar hablando de lo divino y lo humano.

5 comentarios:

Tormenta. dijo...

Y tú que te das cuenta, porque te importan las personas , y que eres muy observador, un sol siempre te lo digo.
Me llamó la atención lo del tono de voz, que comentabas, hasta eso le cambió, y me lo creo, porque es verdad, el tono de voz cambia..según en el estado de ánimo que esté una persona.

Da gusto estar en tu casa, me siento cómoda!

Un besazo niño!.

Sylvaine Vaucher dijo...

Fragile et magique ! La lumière est si volatile.
Baiser à toi.

Artea dijo...

Hola Tormenta...

Alguien nos dió los ojos para ver y mirar. Yo solo procuro utilizarlos. Me gusta observar con los ojos y percibir, además, las sensaciones que cualquiera transmite.

Esa percepción, a veces resulta muy clarificadora para corroborar o desmentir lo que las palabras dicen.

Las miradas también suelen ser un buen objeto de observación. Dicen mucho más de lo que sale por la boca.

Lo de los tonos y los ritmos de voz, seguramente que ni te has fijado.
Pero ahí están también para ser percibidos.

Celebro que te sientas bien aquí.
El alma del blog es, desde luego, cálida y confortable.

Un abrazo.

Bon soir Sylvaine.-

Certain.
L'équilibre entre santé et maladie est très fragile et volatil. On est aujourd'hui sain, et demain malade.
Et, parfois, il ne dépend pas non plus de ce que nous nous ocuppons.
Je crois que toute maladie physique enferme derrière une maladie psychique.
Et vice versa. Par conséquent, j'essaye de m'occuper non seulement ma santé extérieure, et de le faire aussi avec l'intérieur.
Un fort bisou.

Wuwei dijo...

Verdadero alimento para el espíritu. Gracias. Qué bueno es aprender, y re-aprender, y sorprenderse ante la mirada de otros ojos que uno siente tan cercanos.

Lo dicho, un auténtico placer.

Artea dijo...

Toda experiencia es, querido Wuwei, una enseñanza en sí misma.

Es la actitud hacia ellas la que las convierte en puro placer o en pesadilla.

Las cosas son como son.

Es su reflejo en nuestro interior el que las enfoca o desenfoca, provocando-nos sensaciones, sentimientos e ideas dispares según toque en cada momento.

Un saludo