18 febrero 2009

Ritmo

Ritmos


Hace ya meses que mi media de velocidad al volante en autovías se redujo a 100 km/h... y sigue descendiendo.
En otro tipo de vías, casi mejor ni la menciono. Creo que por pudor.

Hace semanas que mis compañeros de almuerzo llegan al bar unos diez o quince metros por delante mío; y otro tanto sucede de regreso al trabajo. Hablamos de un recorrido de alrededor de 100 metros más o menos.

El trayecto del trabajo a casa ha aumentado 10 minutos. La distancia sigue siendo la misma.

No tengo sensación alguna de lentitud. No percibo ningún descenso en mi rendimiento. Sin embargo, es obvio que "otro ritmo" se ha ido instalando por ahí dentro.

Mi sueño es cada vez más profundo, y también me lo parece mi respiración.
Hay algo que me indica si en un momento determinado tengo que hacer esto o aquello. Parece que discierno con mayor precisión cuál es el momento adecuado para cada cosa.
Y lo más gracioso es que no tengo ni idea de como lo hago. Surge solo.

Como cuando vas conduciendo y percibes que algo pasa en el vehículo.
No hay alertas. Ninguna lucecita roja o amarilla se enciende. Ninguna alarma suena.
Pero todo tu cuerpo "siente" que "algo ha cambiado" en el comportamiento del vehículo.

Percibo otro ritmo.

Artea.

Fotografía de supernout.

6 comentarios:

marcada dijo...

A mi eso ya hace que me ocurre, o al menos parecido. La única explicación que encuentro es que estoy Vivo teniendo conciencia de ello.
O todo lo contrario, aunque prefiero pensar que es una ventana que abrí hace tiempo y que me dió miedo al principio; ahora disfruto de cada instante.
Un abrazo siempre.

Tormenta. dijo...

Pero eso.. es normal no?.. a mi también me ocurre, será ley de vida..
o la edad..
aunque a veces no tenga nada que ver, yo lo que sí noto últimamente, que quiero ir o hacer más de lo normal..y mi cuerpo no me responde como antes! aiaiaiaia

un beso guapetón!

Susana. dijo...

Pues no sé si será cosa de la edad, o efecto rebote por las prisas que todo el mundo lleva. Lo único que tengo claro es que cada vez paseo más lenta, como más lenta, conduzco más lenta, vivo más lenta..... y disfruto más de todo cuanto me rodea. Cosas, vistas, gentes...
Abrazos pretos.

Artea dijo...

Bueno... yo he tenido que construirme la lentitud.

No apareció, desde luego, por arte de magia. Y creo que si hubiera seguido con la velocidad anterior en mi ritmo de vida, probablemente hoy pensaría que aquello era lo normal.

Lo cierto es que, sin ayudas electrónicas, no ha sido fácil para mi adaptarme a una velocidad de crucero de 100 km/h. La tendencia a subir "de modo natural" aparece sin que yo la busque, y debo concentrarme en volver a la de 100 km/h (en autovías y autopistas, hablamos).

En cuanto a lo de la velocidad al andar, para mi lo normal era adaptarme a la velocidad del grupo. No fue fácil adaptarme a mi propia velocidad. De hecho, ha provocado una clara distinción respecto de los demás (que llegan antes) y de un servidor (que llega después).

La edad pasa para todos, y eso es otro tema. Con eso descubres tus propias limitaciones... más que controlar la velocidad de tus acciones. :D

Y si reconocemos que llevamos las prisas dentro... cabe pensar en un cierto efecto rebote.
Pero yo también hablo de que ya no se lleva la prisa dentro... sino en que uno se ha convertido a la "lentitud".
Por tanto se ha "construido una forma distinta de usarse a sí mismo".
Los rebotes son reacciones normales soportados en el principio de acción-reacción, o causa-efecto si se prefiere.
Es algo consustancial, consecuente.
Y yo hablo de otra cosa.

¿Han crecido los espacios vacíos?
¿Han crecido los tiempos propios?
¿Se ha creado el espacio-tiempo para no-estar?
¿Hay acto sin actuar?

Hablo de que fuera sucede, de manera natural, lo que sale de dentro...de manera natural.

Complicado intentar explicar con palabras aquello que las palabras no alcanzan a explicar.

Pero seguiremos intentándolo. :)

Wuwei dijo...

:o)

Querido Artea, yo todavía estoy muy lejos de establecerme en esto que describes, aunque sé de lo que hablas. A veces es así, brota del interior, y cuando sucede el actuar es sin esfuezo: fácil, sencillo, natural... lo que pasa es que esta sencillez, a causa de tan extremada simplicidad, es realmente complicada para quien, como yo, es un artista complicándose la vida, buscándole cinco pies al gato y colocando un sombrero sobre otro sombrero...

No hay que añadir nada porque nada nos falta, pero qué difícil resulta aceptar plenamente lo que se da y entonar un completo SÍ a la Vida, sin manipularla, sin buscar nada, sin buscarse a uno mismo en cada acción, haciendo lo que toca en cada momento. Trabajo de toda una vida dedicada...

Gracias por compartir esto; me animas a seguir adelante.

Un fuerte abrazo.

Artea dijo...

Querido Wuwei.-

Todos estamos en camino.
Yo no he alcanzado meta alguna. También es verdad que tampoco la persigo.

¿Qué me vas a decir de autocomplicarse la vida y -además- autocomplacerse de ello?.

Me veo hace pocos años y no me reconozco.

En el transcurso de estos últimos han habido vaivenes, momentos de mayor intensidad y profundidad; y otros de auténtico desespero.

Mi espíritu es positivo. A pesar de los pesares. Y creo que eso es lo que ha ido "modelando" una determinada forma de "estar".

Esta forma es la que ahora me acompaña. Vacío lleno de silencio y de respiración. Con sus corrientes de agua y sus nubes en el cielo atravesándolo. Pero bajo la corriente y sobre las nubes hay "algo" que se va conformando (tomando su sitio).

Solo le dejo hacer. Yo me dedico a escuchar; a pesar de que soy un parlanchín.

Si no le pongo impedimentos, estoy seguro que brotará.

Un fuerte abrazo.

Gassho.