17 mayo 2009

Back to Myself

Camino entre viñedos

Fotografía de Batikart

De nuevo me asomo a esta ventana tras unos días de ausencia.
Hoy domingo, finalmente, pude disponer de una mañana “pseudolibre”, que me ha permitido instalar la última versión de Ubuntu (que por cierto rueda como un tiro), y ver qué cosas han acontecido por el blog en estos los últimos días.

Era momento de leer vuestros comentarios y, por supuesto, responderlos.
También estoy aprovechando estas horas para completar mi discografía de Bernward Koch, un excelente músico que os recomiendo escuchar a todos quienes no hayáis tenido ocasión de hacerlo. Su último trabajo faltaba en mi colección, y era momento de completar esa laguna.

Estas dos últimas semanas, a pesar de que laboralmente han sido “algo agitadas” han transcurrido con una sensación interna de que no hacía otra cosa que el vago, y eso a pesar de mantener una buena actividad física y mental.
Sea como fuere, esa sensación me ha invadido. Cosa muy curiosa, porque lo que siento no se corresponde con lo que observo.

Quien lo diría de alguien que continuamente venía insistiendo en la coherencia entre pensamiento, sentimiento y acción.

Todo un cúmulo de sensaciones se han ido agolpando a medida que he reducido el número de horas dedicado a estar presente en la red.
No son pocos los amigos y amigas que me han hecho llegar su “impresión” al respecto, acostumbrados como estaban a leerme prácticamente a diario.
A todos ellos y ellas manifestar mi cariño y aprecio por sus sentimientos hacia mi persona.
Quizá no sea digno destinatario de esas preocupaciones.

En todo caso, prosigo mi caminar, esta vez con largos descansos llenos de paseos; de cerrar los ojos y percibir el sol y el aire resbalando por mi rostro; de ajustarme las gafas y devorar unos cuantos libros que tenía pendientes y revisar algunos otros que me pedían a gritos volver a ser abiertos; de abandonar mis oídos a melodías cuyo eco atraviesa mi cuerpo entero, llenando cada célula de auténtica vibración; de fregar con mayor esmero y pasar la aspiradora con mucho más cuidado.
Estoy aprovechando este tiempo para escuchar la cantidad de “ruidos” que hago en cada gesto cotidiano, e intentar aplacarlos... de modo que sea el silencio quien gobierne la mayor parte posible de mis actos.
Horas de respirar y respirar, simplemente dejando que todo “descienda” al lugar que debe ocupar.

Y las cosas van ocupando su sitio.
Digo ocupar porque no parece que “vuelvan” a su sitio. O al menos al sitio que aparentemente ocupaban anteriormente.
El puzzle se rearma y, aunque aparentemente sin ningún tipo de partitura, parece ir configurando una melodía para afrontar alguna nueva etapa.

¿Qué surgirá de todo esto?.
Quien lo sabe.
En todo caso, permanezco atento.

Y entre tanto, hoy era momento de volver a dejar una impronta en el camino. Algo que compartir con todos esos ojos que, a pesar de las ausencias, siguen asomando a esta ventana y escudriñan el horizonte a través de las lineas que se van derramando.

Camino...
en cuya senda mi paso confío
y a cuyo paisaje mi alma entrego.

Camino...
cuyas huellas marcan
el rumbo de mi destino

Camino...
en el que hoy no puedo
ver más allá de tu horizonte.

Bonus track:



Tema: Back to Myself.
Artista: Bernward Koch
Álbum: Gentle Spirit (2009)


El título del tema se las trae... y me ha parecido muy oportuno en mi actual momento.

5 comentarios:

José Antonio Ruiz Rodríguez dijo...

Artea, amigo, no estan solos los que pasean en silencio; simplemente, están ofuscados o ciegos. No pueden ver más que su propia sombra. Mas si enjugaran sus lágrimas y abrieran bien las ventanas, de par en par, verían que junto a ellos hay otros tantos, acompañándole.

Comprendo que hay tramos del sendero dífíciles, yo lo sé bien. Y, en ocasiones, pensamos que estamos solos, muy solos, tanto como un astronauta en la luna... En silencio lamemos nuestras heridas esperando que llegará un día en que todo cambiará y pasará. Y así será.

La vida es un largo camino con tramos angostos que nos ponen a prueba; pero lo suyo es tratar de seguir andando procurando no perder el equilibrio. Y, si nos caemos, nos volvemos a levantar y seguimos.

Andar, andar, andando haciendo camino. Seguir hasta donde podamos, con fuerza, con energía. Sabiendo que no estamos solos, sino acompañados.

Artea, estoy contigo, a tu lado en este tramo difícil. Mucha fuerza, ánimo y adelante. Un fuerte abrazo.

José Antonio.

Susana dijo...

Ya con más calma releo tu última entrada.

No creo que necesites que nadie te diga qué has de hacer ni cómo, así que hoy me limito a dejarte un fuerte abrazo y mis mejores deseos y decirte que, efectivamente, los malos ratos acaban por pasar. Espero que en tu caso sea a no mucho tardar. Entretanto disfruta de ese hacer el vago.

Abrazos pretos.

Artea dijo...

Hola José Antonio.-

Agradezco tus palabras de todo corazón.
Ambos parece que hemos andado buen trecho del camino, y bien sabemos que los tramos cuesta arriba suelen ser preludio de los descensos. Y difícilmente cualquier camino, de verdad interesante, transita permanentemente por apacibles llanos.

No me siento solo. Ni aún siquiera estar sin compañía alguna.
Nunca he rehuido la soledad si ha venido al caso afrontarla. Incluso he de reconocer que, en ocasiones, es un estado que busco con cierto anhelo.

Lo mismo pasa con el silencio.
A golpe de ruido, he aprendido a quererlo con un amor ciego. Y cuán preciosa es su melodía.
Porque, se quiera o no, es en el silencio donde se escuchan -de verdad- la auténtica profundidad de las cosas.

Así que este tramo, es asumido como una parte más del camino. Algo intrínseco al mismo y, sin lugar a duda, un proceso que hay que dejar que madure y asome.
Ya se sabe que los buenos vinos hay que dejarlos que "se hagan".

Por tanto, doy por recibidos y apreciados tus consejos y ánimos.
Confío que podremos compartir buenos tramos del sendero. No me cabe duda.

Un fuerte abrazo.

Hola Susana.-

Seguiremos haciendo "el vago" mientras sea ese el dictado interno que va dando forma a este proceso.
En todo caso es un vago muy sui generis, pues no paro de hacer cosas.

Nos vemos pronto. Estate segura.

Un fuerte abrazo.

anaisay dijo...

Cuando te leía algo ha resonado en mí. Un deseo del alma de buscar la soledad para escucharse.
Entre el ajetreo de las muchas cosas,que presiden nuestras vidas, yo también siento la pulsión interna de recluirme en mí, por lo menos durante el tiempo suficiente para poder escucharme.
Me alegra encontrar a peregrinos que compartimos semejantes inquietudes.
Bs Anaisay

Artea dijo...

Hola Anaisay.
Bienvenida a este humilde lugar.

No son pocas las veces en que busco una cierta soledad. O al menos, un cierto grado de soledad.

Quizás sea el ajetreo de nuestras vidas. El ruido de la ciudad. El ritmo del trabajo.

No sabría decir.

Pero el hecho cierto es que si recapitulo algunos de los momentos más importantes de mi camino, estos van asociados a estados de silencio y soledad.

Bien entendido que no es una soledad amenazante, sino serena; ni un silencio sepulcral, sino en el que todos los sentidos están a pleno rendimiento.

Soy de los que piensa que ese silencio es necesario para podernos "escuchar".

Luego, calzar las botas, y andar el camino.

Confío en que podamos compartir alguno de sus tramos.

Un abrazo.