13 diciembre 2010

El merecido descanso

Camino de ida

Fotografía de Francisco-PortoPortugal

El pasado viernes día 3, mientras nos dirigíamos al trabajo sonó el teléfono de Verónica. Era su hermana.

Nada bueno presagiaba esa llamada, viniendo de quien venía y en ese horario.

Su madre, que venía arrastrando una enfermedad degenerativa desde largo tiempo atrás, había empeorado súbitamente esa noche.
Mi suegro había ido a buscar al médico de urgencias.

Volvimos sobre nuestros pasos con la idea de coger algo de ropa, el coche, y salir hacia el pueblo.

Media hora después, mientras preparábamos nuestras cosas para salir, una segunda llamada anunció el fatal desenlace: Josefina acababa de fallecer.

Ya en casa, todavía pudimos acompañar su cuerpo sin vida antes de que los servicios funerarios aparecieran a realizar su trabajo.

La larga enfermedad, que poco a poco había ido paralizando cada musculo de su cuerpo, había concluido su periplo. Y ahora ya, por fin, mi suegra tenía su merecido descanso. Todo había terminado.

De uno u otro modo, con mayor o menor ventura o desventura, acierto o desacierto, sufrimiento o gozo... llegamos siempre a un mismo fin que se repite invariablemente desde el alba de los tiempos.

Al final, guste o no guste, no somos más que un cuerpo sin aliento depositado en el interior de una bolsa.

Todo empezó con una inspiración. Nuestro primer instinto al nacer no es otro que llevar aire a los pulmones. Es la forma en que nos separamos de nuestra madre.
Y con una última espiración, volvemos de nuevo a nuestra gran madre: la tierra.
Nuestro viaje y permanencia en este mundo, no es otra cosa que el intérvalo de tiempo que transcurre entre estos dos actos.

Son momentos duros, pletóricos de imágenes y de recuerdos, de llantos y de gestos, de ceremonias y de duelos.

Pero, aún dentro del dolor por la pérdida de cualquier ser querido, no debiéramos tardar ni un sólo segundo en comprender el valor cada una de las inspiraciones y expiraciones que, queramos o no, vamos consumiendo a cada instante.

Porque, cada vez estoy más convencido, sólo llenando de sentido cada uno de esos inconscientes y diminutos gestos, el momento presente trascenderá la propia muerte.

Descanse en paz.

Artea

Bonus Track.-



Sinfonía nº 6 de Chaikovski
Orquesta de Filadelfia

5 comentarios:

Susana dijo...

Vaya....
Un abrazo para ti y para Verónica.

Artea dijo...

Se lo daré de tu parte.

Un abrazo.

Lughnasad dijo...

Qué decir.
Un abrazo

Enrique Parra dijo...

Un cariñoso abrazo...

Artea dijo...

Hola Lughnasad.-

Hay ocasiones en que no hay nada que decir. Hay silencios muy reveladores si se utilizan en el momento y lugar adecuados.
Gracias por tus pensamientos.

Un fuerte abrazo.

Hola Enrique.-

Celebro ver tu sonrisa de nuevo.
Vaya de vuelta ese caluroso abrazo.
Gracias por el comentario.